Pasear en este otoño ya casi invierno por mi ciudad es un placer gratuito al que no renuncio y que me gusta en ocasiones compartir y en otras disfrutar conmigo misma y nadie más. Cada forma tiene su encanto y su momento.
Hoy el viento frío arrancaba hojas de los arboles del Paseo del Prado bajo un sol que intentaba calentar. Desanimada ante la cola de entrada al Museo del Prado visité a mis amigos los libros de la Cuesta de Moyano donde un payaso intentaba camelar con magia a los niños que por allí se encontraban.
(Qué feos me han parecido siempre los payasos, nunca me gustaron, ni de niña ni ahora, me dan miedo con sus caras maquilladas y desfiguradas.)
Por cierto, qué poco me ha gustado la ampliación del Prado realizada por Moneo, lo siento mucho pero no pega ni queriendo el nuevo edificio ni con el Prado ni con Los Jerónimos, no sé por dentro pero por fuera es feo de narices. Qué peligrosas son las nuevas construcciones en determinados sitios.
Para disfrutar, y también criticar, los paseos por Madrid son una adicción.
Anotación por María a las 18:13:15
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Comentarios:
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He tenido que mudarme a un pueblo cercano de Madrid para volver a apreciar su belleza cuando vuelvo. Me encanta esta época, es sin duda cuando la belleza de Madrid destaca.
Enviado por ilcastro el 28-11-2007 a las 21:12:05
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