Ayer fui a por “tres cositas de nada que me hacían falta” y, ay!, ingenua de mí, acabé con el carro lleno porque mi lema fue “ya que estoy aprovecho y …”, eso sí, con la idea de tardar lo máximo posible en volver, que todo hay que explicarlo.
Primero sección droguería: pasta de dientes, enjuague bucal, desodorante, crema de cuerpo, jabones de mano de varios colores y olores, champú, etc…, con eso es con lo único que disfruto, lo reconozco.
Pasamos a la sección dulces: chicles a porrillo, a ver si dejamos de fumar de una vez por todas, algún que otro caramelillo y nada de chocolate, increíble pero cierto, antes era adicta a mi cuadradito de chocolate negro y ahora nada de nada, quien lo entienda…
En la sección charcutería empecé bien, pavito, queso fresco, …pero llegué a la parte pizzas varias y caí como la cerdita que soy, pero es que a las de casa tarradellas, o como se quiera escribir, yo creo que las echan algo adictivo, qué ricas que están las jodías.
Después, y como ya mis tripillas, que son muy listas, iban notando que se acercaba la hora de la merienda cena, caí de nuevo con unos croissanes, que para desayunar entran divinamente, en fin, que sólo eran cuatro unidades y para volver al pan integral siempre hay tiempo. Vamos, que la fuerza de voluntad la tengo por los pies.
Con los hidratos de carbono bien instalados en mi carro pasé a verduras y frutas, carísimas y más malas que un dolor. De ahí visité la zona de carnes varias y terminé en productos de limpieza para la casa….
Otra cosa, reconozco que soy friolera en general pero si encima tengo que pasar por la zona de congelados, apaga y vamonos, ahí es cuando respiro hondo, me froto las manos y enfilo el carro a todo trapo (con el consiguiente esfuerzo del hombro izquierdo porque siempre, en este caso no me ha pasado nunca lo de la excepción que cumpla la regla, cosa que por otra parte no entiendo, vamos, siempre me toca el carro malo, y mi querido carro ayer tendía a lanzarse hacía ese lado, el izquierdo, con el consiguiente peligro para personas y cosas que se encuentraban en dicha área, ilusos de ellos, creyéndose a salvo…
Lo único bueno de mi trepidante aventura fue que mi querido superhipermegamercado estaba medio vacío y por lo tanto no había colas que hacer.
En fin, que yo soy chica de ciudad, de barrio vamos, con sus tienditas pequeñas y donde lo mejor es no tener que mover el coche hasta para comprar el periódico como actualmente es mi caso.
Espero verle el lado bueno al extrarradio pero aún no lo consigo, dicen que es más tranquilo, eso seguro, porque en cuantito es de noche no se puede ni andar sola, no hay nadie por esas calles tan residenciales, tan monas y tan verdes, y da miedito, mucho miedito, que aparezca alguien detrás de un árbol. Aquí el coche se usa pá tó, y yo, que soy anticoche y si lo cojo es por la necesidad que me generan mis circunstancias actuales, lo paso pipa en mi nuevo “barrio”, por llamarlo de alguna manera.
Conclusión, que si puedo y me dejan volveré a Madrid, a mi barrio de Chamberí de toda la vida, no faltaba más.
Anotación por María a las 09:19:45
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Comentarios:
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Yo tambien odio los grandes supermercados. Yo los llamo "agujeros negros de tiempo y pasta". Y luego, como dices, nunca se encuentran las cosas que se buscan. Vamos, una autentica pesadilla
Pasear por el filoEnviado por Caminante el 18-10-2007 a las 12:26:54
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